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Verano 2009

sábado, 7 de mayo de 2011

Editorial de El Periódico y su comentario



Al Qaeda afronta su ocaso

 

08/05/2011
  
Superada la fase de las reacciones emocionales y los análisis precipitados, prevalece la sensación de que la muerte de Osama bin Laden no ha hecho más que acentuar el declive inexorable de Al Qaeda. La organización nacida como expresión máxima del terrorismo global parece condenada a la marginalidad y el nihilismo, lo que no excluye la posibilidad de que perpetre algún golpe de mano, pero afronta su ocaso sin haber alcanzado ninguno de los objetivos políticos prefijados por sus líderes. Dejada a un lado por las revueltas árabes, condenada por el islamismo moderado y perseguida hasta sus últimos refugios por los servicios secretos de todo el mundo, apenas puede aspirar a ser el faro ideológico de franquicias locales que invocan su legado pero siempre actúan de forma autónoma.
La historia de Al Qaeda es la de un gran fracaso político cuyo único logro es condicionar desde hace una década el derecho internacional en materia de seguridad. Ni ha derribado a ningún dictador --lo han hecho los ciudadanos de Túnez y Egipto--, ni ha doblegado la estrategia de Israel en los territorios ocupados, ni ha puesto en jaque a la monarquía saudí, ni está llamada a desempeñar un papel relevante en las revueltas en curso. Antes al contrario, Al Qaeda parece condenada a pasar desapercibida, devorada por su propio ensimismamiento.
CADENA DE FRUSTRACIONES //
Entre el sueño del califato refundado, los atentados del 11-S y la operación del lunes en Abbottabad media una larga cadena de frustraciones para Bin Laden y sus seguidores. Porque Al Qaeda nunca fue en la práctica un movimiento de masas con un programa político que ofrecer a la calle árabe, sino más bien una minoría irreductible que predicó la sharia y una versión extravagante del islam en el seno de sociedades que, perdido el miedo, se han movilizado para lograr la democracia pluripartidista, el respeto de los derechos humanos y el Estado laico. Justo lo contrario del fundamentalismo sectario.
El ocaso de Al Qaeda lo es también de cuantos se convirtieron en predicadores de la incompatibilidad entre fe musulmana y modernidad. Por si no era suficiente el ejemplo de sociedades islámicas emergentes como las de Malasia e Indonesia, la indiferencia casi unánime con la que se ha acogido en el mundo árabe la muerte de Bin Laden es de una elocuencia absoluta. La comunidad árabe-musulmana ha tomado un camino en el cual el fanatismo de Al Qaeda no tiene cabida.

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1.                      Jesús Escartín ( http://formigaroya.blogspot ) - 08/05/2011 - 14:43:31 h.
2.                       
Vale, pero se me ocurren varias preguntas:

1 La Democracia Pluripartidista ¿será como la española convertida de facto en bipartidista gracias a las leyes y los dineros?

2 El respeto a los Derechos Humanos ¿lo copiarán de los EEUU, donde se vanaglorian de utilizar la tortura, amén de las guerras preventivas, etc, y fijan como principio que el fin justifica los medios?

3 Para el Estado Laico ¿les servirá una vez más de modelo España, donde la iglesia católica goza de una serie de privilegios, exenciones fiscales y subvenciones que avergüenzan a un estado llamado aconfesional e indignan a los laicos de a pie?

Y así hasta ciento.

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